Existen actos tan simples y cotidianos que cuando nos paramos a pensar dan auténtico miedo. De hecho, todo da miedo. El ser humano evita esos sentimientos para poder sobrevivir. Es lógico. Los pensamientos malos matan por dentro. Pero también iluminan nuestra conciencia. Y, finalemente, ¿qué preferimos? ¿Ser tontos felices o intelectuales amargados? Laura se dejó llevar por su amor a la estética y se imaginó como una Susan Sontag no lesbiana, o solo a ratos, y le gustó más la segunda opción. En su cerebro surgían, más rápidos que su manos, algunos de los pensamientos más horribles jamás ideados. Ahí va uno de ellos:
"¿Por qué he de dar clase a niños? ¿Por qué tengo que aprender cosas? ¿Por qué? si me voy a morir. Todos los conocimientos, todos los esfuerzos, tirados al ataúd. Y lo que es peor. Todos esos niños, que llegarán a ser adultos, puede que incluso con mis conocimientos en su mente, también se morirán. Esa niña tan guapa, tan inteligente, Laura, como yo, pero ellos la llaman "Lora", que tienes de alumna en el colegio, también se desintegrará sobre una cama de tercipelo y tejo. Sus ojos se hundirán marcando el lugar donde algún día estuvo el cerebro repleto de vocabulario en español, de ecuaciones, gramática y fechas históricas. Y entonces, ni siquiera importarán los mimos de su madre cada mañana, que le preparaba la ropa y el desayuno con cariño, confiando en la inteligencia de su niña..."
Eso pensaba Laura mientras se cortaba las uñas, ese apéndice estúpido que tenemos tras años de evolución sin escarbar en la tierra ni matar con nuestras propias manos.
"Prefiero matarme a mí misma a través de los pensamientos"
Y sonrió.
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sábado, 17 de octubre de 2009
sábado, 5 de septiembre de 2009
LAURA O EL LADO NEGATIVO DE LAS COSAS
Ella se volvía loca escuchando Chicks on Speed, Lo-Fi-Fnk, después de todo el día leyendo a Mihura, transcribiendo fonéticamente los carteles que veía por la calle, fregando el baño, comprando cosas en el supermercado, mandando mensajes y sientiéndose tan sola...
La narradora suspiró, Laura no va a cambiar nunca, aunque ella intentara contarlo de otra manera.
La narradora suspiró, Laura no va a cambiar nunca, aunque ella intentara contarlo de otra manera.
domingo, 28 de junio de 2009
INEFABILIDAD
En un universo montado de manera casera en su habitación, Laura gravita suavemente. Está rodeada de bombillas, cortes en las manos, insectos, copas de vino a medio llenar, billetes de cinco euros, tijeras dispuestas a rasgarle, a violarle las venas de las muñecas. Observa anonadada cómo todo flota a su alrededor, y pide a cada segundo que esa sensación de sorpresa que la entretiene de su pesar dure eternamente.
La narradora, tan asombrada como ella, no da con la respuesta a esa falta de gravedad.
La narradora, tan asombrada como ella, no da con la respuesta a esa falta de gravedad.
lunes, 18 de mayo de 2009
QUIERO SER COMO DALÍ

Todos deberíamos ser como Dalí.
Todos deberíamos intentar ser un poco más superficiales, un poco más intransitables, ponernos una coraza estética que impresionara a los demás, que alegrara con variedad el mundo. Deberíamos decir lo que pensamos y lo que no pensamos con tal de que fuera transgresor. Desde luego, nos esforzaríamos más al hablar, y las conversaciones se llenarían de humor: negro o surrealista, nunca facilón.
Nuestro fondo debería ser nuestro castillo, frío, oscuro, difícil de encontrar e impenetrable....Impenetrable...Solo unas pocas personas podrían llegar a conocernos.
Laura paraba a la altura de estas palabras y se sonreía. "Impenetrable e?-pensaba-de ese modo, si yo también fuese Dalí, mi vagina estaría más abierta al gran público que mi verdadera personalidad".
Laura no sabía que ella ya cumplía el gran precepto de Dalí, y que efectivamente sus partes físicas eran más accesibles que las psíquicas, y que solo algunas personas la conocían cruelmente, casi con dolor.
La narradora, que también empezaba a intuirla, decidió ponerle un sobrenombre, casi riéndose de ella. Y desde ese día, Laura fue el personaje llamado "Ávida love".
viernes, 8 de mayo de 2009
EL OBJETIVO
Le encantaba posar para ella. Ponerse delante de la cámara, que alguien la eligiera para estar ante un objetivo era algo que halagaba, por supuesto, y además la petición de su amiga hacía que su ego creciese, hasta convertirse en esa pequeña diva que llevaba dentro. Durante unos segundos retomaba postura imposibles, miraba fijamente al objetivo y pensaba en lo grande que llegaría a ser algún día su existencia.
Su amiga sonreía ante sus histrionismos, la dejaba hacer, con la confianza de que, en un momento dado, bajaría la guardia y ella podría sacar a la verdadera Laura que llevaba dentro. Sabía que con ella la sesión debía ser así, doble, por un lado hollywoodiense y por otro a la expectativa del momento íntimo.
Laura no quería abrirse, por dos razones. La primera, porque siempre que lo había hecho la habían dejado tirada. La segunda, porque se odiaba.
Su amiga sonreía ante sus histrionismos, la dejaba hacer, con la confianza de que, en un momento dado, bajaría la guardia y ella podría sacar a la verdadera Laura que llevaba dentro. Sabía que con ella la sesión debía ser así, doble, por un lado hollywoodiense y por otro a la expectativa del momento íntimo.
Laura no quería abrirse, por dos razones. La primera, porque siempre que lo había hecho la habían dejado tirada. La segunda, porque se odiaba.
lunes, 4 de mayo de 2009
LAURA O LA PERCEPCIÓN DE LAS COSAS
Mientras todas hablaban con la exaltación propia que dan los cotilleos, Laura comenzó a abstraerse. Sentada en aquel enorme macetero que hacía las veces de banco en la puerta de la vinoteca, empezó a doblar las piernas en posición fetal e imposible, mientras se llevaba la copa de vino a los labios. Ya era la segunda, con lo cual la felicidad y la melancolía se mezclaban.
Sin embrago, no era eso lo que sacó a Laura de su actitud amigable y social. Al fondo de su mirada, vio entrar en un portal al chico del que todos hablaban. Sus amigas le miraron, saludaron, y se dirigieron entre ellas una significativa mirada, pero Laura asistió a todo el proceso: sacó la llave nervioso, abrió la puerta con fingida naturalidad y no se molestó en cerrarla tras él, la dejó caer.
El sonido de la puerta al cerrarse activó en el cerebro de Laura movimientos rápidamente lentos. ¿Y si en realidad ese chico no estuviera medio loco? ¿Y si su problema no era una familia desestructurada, un padre irresponsable, un abuso compulsivo de las drogas? Creyó por un momento que su problema era la hipersensibilidad, la percepción excesiva de las cosas, los acontecimientos, la vida en su transcurso natural, con sus cosas buenas y malas, pero que, en su mente, resultaban difíciles de digerir y le llevaban a tener comportamientos violentos, iracundos, irracionales. Sintió pena por él, pero no la pena rodeada de asco que sentían los demás, sino una infinita, myultiplicada por el vino, y casi agradecida. Si el problema de ese chico era su hipersensibilidad, el mundo era un lugar mejor. Sonrió. Gracias a ese razonamiento, los pecados de Laura también quedaban disculpados, también eran causa de la hipersensibilidad. Sus lágrimas de los jueves eran en realidad su desahogo ante el dolor de vivir.
Intentó volver a la realidad de sus amigas, pero no pudo. El vino le daba dolor de cabeza.
Sin embrago, no era eso lo que sacó a Laura de su actitud amigable y social. Al fondo de su mirada, vio entrar en un portal al chico del que todos hablaban. Sus amigas le miraron, saludaron, y se dirigieron entre ellas una significativa mirada, pero Laura asistió a todo el proceso: sacó la llave nervioso, abrió la puerta con fingida naturalidad y no se molestó en cerrarla tras él, la dejó caer.
El sonido de la puerta al cerrarse activó en el cerebro de Laura movimientos rápidamente lentos. ¿Y si en realidad ese chico no estuviera medio loco? ¿Y si su problema no era una familia desestructurada, un padre irresponsable, un abuso compulsivo de las drogas? Creyó por un momento que su problema era la hipersensibilidad, la percepción excesiva de las cosas, los acontecimientos, la vida en su transcurso natural, con sus cosas buenas y malas, pero que, en su mente, resultaban difíciles de digerir y le llevaban a tener comportamientos violentos, iracundos, irracionales. Sintió pena por él, pero no la pena rodeada de asco que sentían los demás, sino una infinita, myultiplicada por el vino, y casi agradecida. Si el problema de ese chico era su hipersensibilidad, el mundo era un lugar mejor. Sonrió. Gracias a ese razonamiento, los pecados de Laura también quedaban disculpados, también eran causa de la hipersensibilidad. Sus lágrimas de los jueves eran en realidad su desahogo ante el dolor de vivir.
Intentó volver a la realidad de sus amigas, pero no pudo. El vino le daba dolor de cabeza.
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