lunes, 18 de mayo de 2009

CASSETTE

Sentado sobre la alfombra se dedicó a mirar cómo funcionaba el estéreo. Miraba la tapa ahumada del radiocassette para adivinar el movimiento de ambos agujeros, con sus pequeños engranajes, sobre los que se posaba la cinta mágica.

No sabía por qué había pasado la grabación a cassette. Su amigo le había enviado toda la sesión en mp3, y ni siquiera la escuchó. Hasta que un día decidió pincharla en su ordenador con la vieja radio de su madre enfrente. Activó el play del Windows media player y el rec del radio cassette a la vez, como antaño. Y se fue de la habitación.

Días después, se sintió lo suficientemente receptivo como para sentarse en la alfombra y cambiar la cinta de aparato, a un radiocassette que presidía el despacho de su padre. Lo dejó sobre la alfombra e introdujo la ya valiosa cinta. Dio al play. Y empezó a mirar el interior.

La música sonaba lejana, como se había grabado. Y con cierta distorsión. Pero seguía siendo la sesión electrónica de su amigo. La reconocía. Se tocaba las rodillas de emoción. No fijaba la vista más allá. Una música casi orgánica, que formaba bucles en su universo de ceros y unos se fue escapando de su prisión mecánica, en ondas expansivas hacia sus oídos. Repeticiones en la música y en sus movimientos expectantes. Necesitaba adelantarse a lo que iba a pasar y a la vez quedarse siempre escuchando lo mismo, al borde de la paranoia, del automatismo. Quería explotar a base de repeticiones, pero necesitaba que la música siguiera.

No podía entender que algo tan personal pudiera ser escuchado por muchas personas a la vez en un mismo bar.

Se tumbó en la alfombra y fijó su mirada en el techo mientras seguía sintiendo.

THE SHOW MUST GO ON

Es lo único que importa en esta vida.

Nunca te irás a casa con mal sabor de boca. Nunca. Y si aún así llegas a la cocina y paladeas cierto regusto a mierda, que sea porque has hecho cosas mal, pero nunca porque has dejado de hacerlas.

Bebe.
Drógate si hace falta.
Habla, habla con todo el mundo, relaciónate hasta que tu cabeza vaya a explotar y notes que el conocimiento universal está a la vuelta de la esquina.
Conoce a alguien con tu mismo nombre.
Baila.
Registra mentalmente todo lo que haces, las impresiones que causas y lo que notas dentro de ti.

Y mañana, después de tomarte un paracetamol, escríbelo todo.

QUIERO SER COMO DALÍ


Todos deberíamos ser como Dalí.



Todos deberíamos intentar ser un poco más superficiales, un poco más intransitables, ponernos una coraza estética que impresionara a los demás, que alegrara con variedad el mundo. Deberíamos decir lo que pensamos y lo que no pensamos con tal de que fuera transgresor. Desde luego, nos esforzaríamos más al hablar, y las conversaciones se llenarían de humor: negro o surrealista, nunca facilón.



Nuestro fondo debería ser nuestro castillo, frío, oscuro, difícil de encontrar e impenetrable....Impenetrable...Solo unas pocas personas podrían llegar a conocernos.



Laura paraba a la altura de estas palabras y se sonreía. "Impenetrable e?-pensaba-de ese modo, si yo también fuese Dalí, mi vagina estaría más abierta al gran público que mi verdadera personalidad".



Laura no sabía que ella ya cumplía el gran precepto de Dalí, y que efectivamente sus partes físicas eran más accesibles que las psíquicas, y que solo algunas personas la conocían cruelmente, casi con dolor.



La narradora, que también empezaba a intuirla, decidió ponerle un sobrenombre, casi riéndose de ella. Y desde ese día, Laura fue el personaje llamado "Ávida love".

viernes, 15 de mayo de 2009

AL ALBA

Mira cómo sale el lucero del alba
amor,
mira cómo asoma.

Mira cómo sale el lucero del alba
amor.

Debo marcharme

sin parar.

Sin poder detenerme a observarte,
a regocijarme,
a descansar.

Mira cómo sale el lucero del alba
amor,
mira cómo asoma.

Llevo años caminando
sin descanso, sin cesar.

Uniendo un amante con el siguiente
y deseando más.

No puedo liarme en unas sábanas
que no son las mías.

Debo seguir
un camino
que no quiero andar.

Mira cómo sale el lucero del alba
amor,
mira cómo asoma.

Ni siquiera la llegada de la noche
me calmará
amor.

Quizá tú ya no estés aquí,
y deba seguir caminando
pensando en el día feliz
en que ya podré descansar.

Sin importar qué lucero salga
Amor.

jueves, 14 de mayo de 2009

LA PUPILA

La pupila comenzó a dilatarse a través del poco espacio que les separaba.

Espectáculo y espectador. Situación y confidente. Secreto y voyeur.

El cine no da esos momentos de morbo tan drásticos. En el teatro todo es pacto. Aquí lo único que les unía era la rendija por la que miraba y por la que ellos, de haberlo sabido, habrían podido observar la pupila dilatante, amenazada por la sorpresa.

¿Qué es lo que realmente afectó a su anatomía ocular?¿La impresión lumínica tras el apagón o la escena sin continuidad que se presentaba ante ella? Como un cuadro, en el que nada se mueve, en el que todo está quieto para que ella pudiera grabarlo en la retina.

Y de repente, el movimiento. Una alerta corporal le avisó que la escena ya estaba grabada (Ctrl.+G) y podía desviar la mirada. Todo gracias al meneo de una pelusa enorme, que pendía del cielo, y que a pesar de su suavidad hizo que uno de los personajes rematara la escena. Lanzó el martillo contra un cuadro que resultó ser una colección de mariposas. Alfileres e insectos descuartizados esparcidos por la habitación. Liberados de su jaula de cristal y corcho, se mecían muertos.

Ella aprovechó el momento para escapar, ya había saciado su curiosidad, ya comprendía las cosas, ya tenía una imagen más para sus sueños de noche de tormenta.

miércoles, 13 de mayo de 2009

HARRISONGS



Clara había heredado algo de la familia de su padre. Aparte de su pelo rizado y la colocación de sus dientes, encontraba un rasgo afín con ellos. Sabía cuando iba a bajarse su moral hasta el infraterreno, sabía cuando su cuerpo iba a rechazar el ritmo para hundirse en un letargo de autolamentación. Y lo sabía por un síntoma ineludible.

Su padre, antes de entristecer, empezaba a ver la suciedad que le rodeaba. Tocaba los platos con asco, miraba las paredes con los ojos entornados, y preguntaba a todo el mundo por si ellos también lo percibían. En esos momentos, Clara empezaba a temblar, ante la hecatombe de ver a su padre desmoronarse. Algo peor que verse en la pobreza, algo casi peor que sentirse sola, algo peor que la hormonación propia de la regla, era ver a su padre llorar.

Clara vivía en la inmundicia desde que Rubén estaba en su vida, no tenía tiempo para molestarse en limpiar, así que siempre -triste, alegre, abúlica, divertida, aburrida...- lo veía todo sucio. Su cuerpo -su cerebro- se había adaptado de otra manera para que la depresión no llegara por sorpresa. Empezaba a escuchar canciones de George Harrison.

Llevaba tres días viendo vídeos del Beatle silencioso. Algunos de los momentos más importantes de su vida se correspondían con canciones, pero nunca de George Harrison. Sin embargo, ver su figura sílfica en la pantalla del ordenador le acercaba a épocas que no había conocido y que venían llenas de nostalgia.

Mientras sale del baño en toalla escucha “My sweet lord”. A la hora de estudiar tararea “I got my mind set on you” y mientras decide si salir o no este viernes terrorífico en el que no sabe si emborracharse, oye “All those years ago”, llorando por los amigos muertos que nunca tuvo.

martes, 12 de mayo de 2009

CONFIESO MI AMOR

Estoy enamorada de Juan José Millás. Sus mundos concéntricos, sus reflexiones a medio camino entre la metafísica y la reflexión infantil me subyugan, entretienen y distraen del letargo ápático en el que estaba cayendo de nuevo y que a la larga se convertiría en otra juerga salvaje de sábado por la noche.
Yo, que solo sé crear un personaje, un alter ego de la escritora de pacotilla que soy, me maravillo de que Millás aun no haya caído en la tentación idiota de convertirse a sí mismo en personaje, que mueva sus títeres poco caracterizados pero muy interiorizados por un mundo de ilusión e impresiones.
Su figura se enmarca salvajemente cuando aparece por la puerta del aula donde dará la conferencia. Las líneas- siempre rectas- que definen su silueta son decididas, como las de un dibujo para diseñar un traje de chaqueta ochentero. Son líneas trazadas después de 60 años de hambre, dudas, pérdida de ilusiones, amores frustrados...que le da a sí mismo la certeza de saber lo que es y lo que no es, y a los demás la esperanza de que el triunfo es posible.